martes, 29 de julio de 2014

Depende.

Ya no recuerdo sus manos. Ese pequeño detalle en el que nadie se fijaba pero que yo recordaba siempre. No puedo creer que no me acuerde. Hace demasiado que no la veo, hace demasiado que no sé de ella. Nunca pensé que esto pudiera ser de esta forma, dudo mucho que nadie te haya apoyado tanto como yo en los momentos duros, dudo mucho que nadie haya creído en ti tanto como yo y dudo mucho que haya otra persona a la que estarías dispuesta a confiar tu futuro. También dudo mucho que yo hubiera conseguido todo esto sin ti, sin tus ánimos y sin tus palabras tranquilizadoras. Sigo sin poder creerme que no significase nada para ti. Eso duele, es un gran palo. Esa es la vida, un gran charco de lágrimas derramadas por personas que no derramarían ni una sola. Esa es la vida, la tortura de buscar su pelo rubio entre la gente y que nunca aparezca, una mentira constante y ese pequeño gran ronroneo en mi cabeza. 

La suerte de mi vida, eso no. La suerte de la suya, podría ser. 
La suerte en mi bolsillo, seguro. La suerte en el suyo, depende.




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