viernes, 23 de agosto de 2013

Mon ciel.

Por un momento imaginé que el sonido de un piano me acompañaba de por vida. Por un momento soñé que mi vida tenía banda sonora. Ojalá hubiese sido una canción antigua, de esas alegres, porque hoy en día dime tú quién valora las pequeñas cosas. Quizás una canción de 1969, el año que un hombre dio un pequeño paso que supuso uno muy grande para el resto de la humanidad. Un pequeño gesto que nos hizo creer de verdad que los imposibles también se conseguían. Recuerdo como siendo yo un niño me dio por levantar la cabeza una noche y observar el cielo. Sé que suena un poco cursi y puede que por eso nunca lo haya confesado, pero no fueron tanto las estrellas como ese azul oscuro intenso del que estaba pintado el cielo lo que realmente me dio a entender la importancia de fijarse en los detalles y no solo en lo evidente. Poco a poco dejé de huir de mí y empecé a centrarme en las cosas que me hacían tener un nudo en el estómago. Sabía que era la sinceridad conmigo mismo lo que me llevaría a saber quién soy y a saber qué era lo que realmente quería. Ahora sé que los sentimientos fuertes son peligrosos e incomodan, es por eso que intento manejarlos de la mejor manera posible para que nadie tenga que sentirse mal por mi culpa nunca más. Pero esto no me va a cambiar. Ni a mí, ni a mi forma de ver la vida. Tampoco va a cambiar mi deseo de tener de banda sonora aquella canción de 1969. Ni va a hacer que deje de aspirar a pisar la luna o a tocar las estrellas. Solo va a reafirmar que tenía razón, que la vida no es entera de color de rosa, que a veces es de un azul oscuro intenso.

Sentir es vivir y si duele, es que estás vivo.                

No hay comentarios:

Publicar un comentario