Vuelve a hablarme, mar.
Que tu sal vuelva a acariciar mi cara.
Permite que la brisa dibuje en mi cara una sonrisa.
Déjame ser libre en ti, prisionero de tu sol y de tus nubes.
Mírame a los ojos y dime que me has echado de menos, tanto como yo a ti.
Y sino, borra de mi cabeza tus recuerdos, olvídame y aprende a vivir sin mí.
Al desamparo de tu luz azul, fuerte y bella.

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