Buenos días, princesa.
Hay días en los que, sin saber por qué, sin tener un motivo más que el de quererte, necesito tenerte cerca. Y es que nunca hay suficientes abrazos, si hablamos de los tuyos. Dedícame una sonrisa cada día y ayúdame a descubrir que los suspiros son también de felicidad. Despiértame susurrando y hazme reír incluso antes de haber abierto los ojos. Es tu habilidad innata para que te quiera, y yo con mi manía de quererte cada vez más. Encuéntrame de nuevo, estoy donde siempre. Nunca me he movido.
Y al final, solo mariposas.
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